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Estereotipos creados por las narcoseries

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In Principio Erat Verbum©

Por Simón Vargas

“Sonreía soberbio, orgulloso, sardónico, ¿lo pueden creer, un tipo al que llevan detenido con ese desplante?”

Efecto tequila, Elmer Mendoza

¿Cuál es la primera imagen que viene a nuestra cabeza cuando nos mencionan el término narco en una serie de televisión o película? No es una persona asustada o temerosa, no es alguien mostrando pobreza o caminando con unas sandalias desgastadas, no es más un hombre o mujer perseguidos y estigmatizados, ahora la imagen es normalmente un hombre físicamente atractivo, con dinero, bien vestido, con elegantes autos y lujos a los que pocos tienen acceso. En esas narcoseries, los líderes del crimen organizado han dejado de parecer un peligro para convertirse en aspiraciones de niños y adolescentes.

Según la Administración para el Control de Drogas (DEA) por sus siglas en inglés, el narcotráfico se define como el: “Cultivo, fabricación, transportación o distribución de sustancias controladas”, derivado de esto, entendemos que el mundo que rodea al narco es llamado: narcocultura; canciones, películas, y series las cuales exportan valores específicos formando nuevas dinámicas sociales, siendo un conjunto de elementos culturales, tanto materiales como inmateriales elaborados y utilizados por un sector de la sociedad. http://bit.ly/2z3PzFO

Hay reportajes documentados que describen un nuevo fenómeno social en varias regiones del país, niños, niñas y adolescentes empiezan a idealizar el glamour de la vida de dinero, poder, fama y mujeres, que suponen rodea a los capos de la delincuencia organizada. A su vez, los sueños de muchas jovencitas pueden ir en dos direcciones; primero convertirse en la pareja de algún capo poderoso y llevar una vida sin responsabilidad y con todo al alcance de la mano, generalmente no cumplen sino el rol de objeto sexual tratado con violencia, unas duran un periodo predeterminado, otras un poco más; no opinan, viven de joyas, botox y lujos momentáneos. En segundo lugar, ostentar un cargo alto en alguna organización del narcotráfico y así a la par de sus congéneres adquirir una vida cargada de sexo, dinero, ropa de lujo, temor, poder y diversión. http://eluni.mx/2fU4mZY

Como sociedad hemos creado un aura de poderío sobre los narcotraficantes; en la adaptación Televisiva de la Reina del Sur obra de Arturo Pérez-Reverte, Teresa Mendoza, nos brinda la imagen de una mujer inocente que jamás quiso entrar al negocio, pero que por circunstancias de la vida, acaba convertida en una poderosa y temida narcotraficante, se vuelve una persona fría, y distante, pero sobre todo justa e inteligente; características que se resaltan constantemente en varias series como: El Señor de los Cielos, Narcos, Pablo Escobar El patrón del Mal o el último gran lanzamiento de hace un par de días, Cuando conocí al Chapo.

Los célebres hermanos Almada, quienes empezaron como actores en el género Western en los años sesenta, pronto hicieron carrera en producciones donde se retrataban a narcotraficantes, y fue aquí donde encontraron una mina de oportunidades. En una entrevista, Mario Almada comentó cómo es que el cine se vio invadido por el mundo del narcotráfico y cómo los capos se involucraron en las producciones para alimentar sus insaciables egos, pero lo sorprendente de todo esto, fue el rápido éxito que tuvieron con el público del sector popular.

El retrato de cada uno de los protagonistas muestra personajes centrales cargados de ambivalencia, por un lado, personas justas, inteligentes e incluso compasivos. Hombres y mujeres que aportan a sus comunidades, ayudan a los pobres y construyen obras para la población; por el otro, asesinos, ambiciosos, e incontrolables seres que no se detienen hasta lograr su cometido.

No sólo se admira a los capos, ahora se les idealiza como nuevos y mejorados héroes populares, con esta reproducción constante y en incremento, la narcocultura va sembrando una imagen aspiracional que modifica los valores sociales fomentando niños con una visión escasa del verdadero esfuerzo y creídos que la delincuencia y la corrupción son las vías más rápidas para acceder a la fama, el poder, pero sobre todo el temor.

Incluso nos presentan líderes de cárteles, padres y madres amorosos, entregados para con la familia, que realizan cualquier acción con tal de proteger la vida de sus hijos; como lo ha retratado la famosa serie Capos en un capítulo sobre la vida de Pablo Escobar Gaviria, quien en una noche de frío quemó 2 millones de dólares con tal de que su hija no se congelara. De forma sorprendente este tipo de acciones tocan las fibras más profundas de una sociedad rodeada de dolor e impunidad.

Sin embargo, respecto a este proyecto de televisión Juan Pablo Escobar Henao hijo de Pablo Escobar en declaraciones públicas, manifiesta que su padre era mucho más despiadado; no sólo mató a más de 3 mil personas, sino que desoló a familias y a pueblos enteros. No hay nadie como él que hable sobre la crueldad de su padre, para él estas series deben ser películas de terror, y no formatos que muestran que las muertes y el dinero fácil son una forma divertida de vivir.

La delincuencia organizada parece tener más credenciales y oportunidades que las propias empresas del sector privado, a pesar de que el contenido de las narcoseries es más duro, gráfico y violento también se ha vuelto más sugerente; estos programas televisivos muestran un lado atractivo de la delincuencia, el dinero en grandes cantidades, los autos de lujo, la ropa de marca y la arquitectura imponente de casas y departamentos ha hecho que se establezcan como referentes de las aspiraciones de jóvenes a lo largo de Latinoamérica.

La forma generalizada del poder mostrada en las narcoseries es tener dinero, pero, hacerse temer es lo más importante; no se tolera la traición, no se perdona y se paga con la vida. El narcotráfico mata, viola y genera sangre, sin embargo, las narcoseries han logrado esconder el dolor social que esto causa, y se han convertido en un género que “entretiene”.

Cada una de las series que se ha transmitido hasta el momento presentan un personaje central, lleno de pobreza y anhelos que mezclados hacen que salga adelante con esfuerzo propio, con un brío que ha crecido por el maltrato de sus familiares y de una vida de dolor y vejaciones y ¿cuál es la única salida visible? Ser narco, tener suficiente dinero para saciar cada una de las viejas cicatrices que han ido colmando la piel de un niño con carencias.

El tejido social actual se encuentra en descomposición, los valores y el amor al prójimo han ido en disminución y los modelos que se presentan a nuestras niñas, niños y adolescentes deberían ser arquetipos que ejemplifiquen una sociedad en aras de crecimiento, no personas sanguinarias, llenas de ambición que sólo buscan el poder en sí mismo, disfrazadas de buenas voluntades que ayudan a la sociedad por un lado pero que por otro corrompen y llenan de dolor a las familias. Debemos de convertirnos en personas con un juicio amplio con respecto a lo que vemos y la forma en que lo analizamos, no podemos dejar de lado el índice de violencia en nuestro país, pero en lugar de fomentarlo e idealizarlo, pensemos que, si desde la familia encontramos los mecanismos para frenarlo, iremos trabajando poco a poco en una sociedad con un futuro más justo y lleno de oportunidades.

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