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¿El Waterloo de Trump?

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Bitácora de guerra

Por Hannia Novell
@ HanniaNovell

La bomba de tiempo se activó desde el viernes 27 de octubre. La cadena CNN reveló que el fiscal especial, Robert Mueller, fincaría los primeros cargos sobre los supuestos contactos entre el Kremlin y el equipo de campaña de Donald Trump. Incluso, desde ese día se dijo que una persona podría ser arrestada el lunes.

No hubo necesidad de un arresto. Paul Manafort, exjefe de la campaña del republicano, se entregó al FBI. No fue el único. El empresario Rick Gates, mano derecha del primero, también se entregó a las autoridades federales. A ambos se les fincaron 12 cargos: conspiración para lavar dinero, ser agentes no registrados de una autoridad extranjera, declaraciones falsas y no presentación de informes de bancos extranjeros y cuentas financieras.

Tanto Gates como Manafort se declararon no culpables ante la Corte Federal de Washington. Horas más tarde, un exasesor de la campaña, George Papadopoulos, aceptó su culpabilidad por mentir a agentes del FBI. El exconsejero de Política Exterior reconoció que estuvo en contacto con un profesor extranjero anónimo que afirmó tener datos sucios sobre la entonces candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton en “miles de correos electrónicos”.

Si bien es cierto que los cargos presentados contra Manafort y Gates carecen de referencias directas a la campaña de Trump o a cualquier interferencia electoral de Rusia, Papadopoulos puede ser la pieza que completa esta parte del rompecabezas.

La Casa Blanca le restó importancia al papel que jugó. Afirmó que se trataba de un asesor sin sueldo y que nunca consiguió amarrar un encuentro entre miembros de alto rango de la campaña de Trump y funcionarios del gobierno ruso.

El problema es que el consejero en relaciones internacionales sí estuvo en marzo de 2016 en una reunión en la que participó el empresario y el resto de su equipo de política exterior. De hecho, el hoy mandatario se refirió a él como un “excelente joven asesor” en una entrevista publicada el 21 de marzo pasado por The Washington Post.

¿Cuál es la estrategia de Mueller? Ir primero contra los peces pequeños para, luego, cazar a los tiburones.

Sus pesquisas sobre Gates lo condujeron a Manafort, un veterano asesor de campañas republicanas en Estados Unidos y de políticos de otras partes del mundo. Ahora se le acusa de recibir y ocultar millones de dólares provenientes de un partido político ucraniano a favor de Rusia.

A sus 68 años, podría ser condenado a un máximo de 20 años de prisión, sólo por el cargo de lavado de dinero.

¿Estará dispuesto a permanecer el resto de su vida tras las rejas? Es previsible que el fiscal especial le ofrecerá a él y otros involucrados la oportunidad de cooperar a cambio de reducir sus sentencias.

“¡No hay colusión! Fue la reacción del magnate, quien desde el domingo ha usado su cuenta oficial de Twitter para intentar restar validez a las acusaciones. Ha dicho que se trata de un cuento falso, producto de una cacería de brujas por parte de políticos nefastos.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee, reiteró que nada de esto tiene que ver con Trump.

No obstante, medios estadunidenses han informado que el presidente comentó hace tiempo en privado a sus allegados la posibilidad de despedir a Mueller si se extralimitaba. También ha dicho públicamente que tiene “completo poder para perdonar” a personas salpicadas por el escándalo.

Aunque hacia afuera insistan en negar su preocupación, los hechos demuestran que el hoy inquilino de la Casa Blanca comienza a vivir su propio Waterloo.

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