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Periodismo y Sociedad

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Participación en tres tiempos

Por Rosa María Méndez Fierros

Siempre me gusta tomarme unos minutos de reflexión y hacer un pequeño alto en el camino, para observar lo que pasa a mi alrededor y responderme a una pregunta que me resulta básica: ¿Por qué nos estamos acostumbrando a vivir en condiciones de desventaja ante grupos políticos, económicos, de toma de decisiones e incluso los delincuentes, comunes y ya no tan comunes?
¿Qué nos ha pasado?, ¿en dónde ha quedado nuestra capacidad de asombro, indignación, acción o reacción, ante el cúmulo de irregularidades que observamos de manera cotidiana?
Parte de mi respuesta es la que habla de la repetición de los patrones sociales por convicción, conveniencia, apatía o desesperanza, en los grupos comunitarios.
En su columna dominical, la socióloga Sara Sefcovich citaba al estudioso Philip Zimbardo, quien habla de las corrosivas influencias de las poderosas fuerzas situacionales, en donde afirma que las personas no son figuras solitarias que actúan en el vacío, sino que interactúan con otras que pueden desde influirlas, hasta cambiarlas radicalmente.
De esta manera, muchas personas se acostumbran a vivir en la desesperanza; en el nunca se arreglarán los problemas, en el así es aquí.
Se acostumbran a ser robados por sus vecinos, a que no les hagan caso las autoridades, a que no les resuelvan los jueces. Pero cuando estoy convencida de esa premisa, se ponen frente a mis ojos acciones que me regresan la esperanza en la participación social, que se niega a morir en el desespero.
Así sucedió la semana pasada: Vecinos del fraccionamiento Ángeles de Puebla empezaron a organizarse para enfrentar a los rateros que los tienen hartos. Les roban de noche, de día, en casas solas o en donde hay personas adentro. Nadie les hace caso en sus denuncias y afirman que empezarán a hacer operativos vecinales.
El viernes en la tarde empezaron a correr la voz, tuvieron un primer acercamiento, compartieron historias. En pocas palabras: Se empezaron a conocer e iniciaron bosquejos de lo que consideran puede ser un buen plan para enfrentar a los ladrones. Pretenden dar un golpe de autoridad y decir que son más los que hacen bien y tomar el control de sus vidas y familias, las cuales en estos momentos están en manos de los ladrones.
Un día después, habitantes del fraccionamiento Condesa Residencial empezaron a limpiar sus lotes baldíos, a pintar las casas abandonadas.
Me comentaron que iniciaron un proyecto de recuperación de espacios llamado “Grafiteando por el Barrio” para que los jóvenes puedan hacer dibujos en casas abandonadas. Quieren que sus parques sean puntos de reunión colectivos y no de los delincuentes.
Otra forma de expresar su indignación ante lo que está sucediendo, fue la manifestación que el domingo llevaron a cabo familiares y amigos del estudiante de origen mexicalense Javier Salomón Aceves Gastélum, desaparecido desde el 19 de marzo en Guadalajara, Jalisco, quienes exigieron a las autoridades la búsqueda del joven, así como la de sus dos compañeros, con quienes estaba cuando fueron llevados por un comando armado.
El tío de Javier Salomón pidió a las autoridades que busquen a su sobrino como si fuera su familiar. Y yo me pregunto: ¿Será mucho pedir?
Ahí están estos tres grupos poblacionales tomando las calles, callejones y bulevares, con diferentes demandas y un denominador común: Justicia, cese a la inseguridad y fin a la impunidad.
Y me vuelvo a preguntar: ¿Será mucho pedir? Qué tal si empezamos por indignarnos con lo que está pasando. La verdad sea dicha.

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