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Asesinato de Valeria “tenía que pasar porque habló de más”: Sergio Enrique

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Según dijo el imputado al testigo presencial de los hechos

–¿Pero por qué lo hiciste?, preguntó a rajatabla, Oscar Manuel Córdova Martínez, amigo de Sergio Enrique, y testigo presencial del asesinato de la joven Valeria Ahumada Jáuregui.
–Esto tenía que pasar, se le soltó la lengua, habló de más, le respondió con frialdad el imputado
En la repleta sala 4 del sistema de Justicia Penal retumbaban como golpes las declaraciones del fiscal defensor. Valeria fue asesinada a golpes y degollada con un vidrio.
Fue golpeada, por diferentes lapsos, en donde cuando menos hubo dos testigos presenciales, que quizá pudieron haber evitado su muerte.
Desde la noche del sábado 14 hasta el domingo 15 de abril, Valeria, en diferentes intervalos fue agredida y sufrió intento de ahorcamiento. Primero en la casa de la madre del imputado, en Villas del Colorado y luego en el carro de un amigo del agresor.
Noemí Dueñas, madre del presunto asesino, dijo que los escuchó discutir, pero sólo les llamó la atención, ya que eran constantes esas discusiones y hasta los golpes. Era el sábado por la noche.
El domingo por la mañana, vio que su hijo trataba de asfixiar a Valeria, de nueva cuenta no intervino.
“El domingo en la mañana me desperté porque escuché muchos golpes y vi que Valeria estaba tirada en el piso y sobre ella estaba mi hijo, cubriendo con sus manos su boca. Mi hijo tenía la cara como de loco”, refirió a los agentes investigadores Noemi Dueñas.
Luego vio que su hijo y Valeria se iban en el carro de Oscar Manuel, amigo de su hijo.
Observó que llegó un UBER, pero que nunca nadie lo abordó.
En el trayecto del camino, Sergio Enrique seguía discutiendo, gritándole y jaloneando a Valeria, el testigo presencial los observaba por el espejo retrovisor del auto que él conducía. Incluso, el agresor se bajó por unos minutos a una farmacia a comprar guantes de látex. Presagio de lo que vendría después.
En tres ocasiones Sergio Enrique le cambió el rumbo inicial a su amigo, hasta que llegaron a una casa en construcción de la colonia Lomas de Abasolo.
Ahí, seguía la discusión entre la pareja, por lo que Oscar Manuel declaró que se fue a una tienda y compró unos cigarros, se fumó uno y al volver el agresor seguía golpeando a la víctima. Incluso la cabeza de ella se salía por la ventana del carro y el agresor la estaba ahorcando.
El testigo comentó a los agentes ministeriales que le pegó una patada, por lo que Sergio Enrique se le fue encima para agredirlo.
“Qué te pasa te estás ondeando, le grité. Entonces contestó: esto tenía que pasar”, declaró Oscar Manuel, a los agentes ministeriales.
Y agarró una piedra para golpear al agresor, pero este no se detuvo. Ahí se dio cuenta de que Valeria ya no reaccionaba.
Fue entonces que Sergio Enrique le pidió que le ayudara a bajarla del carro, pero el testigo se negó, por lo que el presunto asesino, la agarró de los cabellos y arrastrándola la bajó y llevó a la casa en construcción que estaba a unos metros.
Oscar Manuel declaró que se acercó a la joven víctima, a la que vio sumamente golpeaba en su cabeza también observó que el imputado le estaba encajando un vidrio en el cuello a la joven mujer, quien falleció en ese instante.
El presunto asesino utilizó un suéter Adidas para meter el vidrio y la piedra con la que golpeó en la cabeza a la joven víctima. De regreso a su casa en Villas del Colorado, arrojó en la calle San Pedro Mezquital los instrumentos que utilizó para asesinar a su novia, lo cual fue observado y posteriormente declarado por el testigo presencial de los hechos.
Por la fuerza, el dolo, la saña, la premeditación, la relación de noviazgo, las agresiones que con anterioridad propinaba a la víctima, la juez Sara Perdomo decretó vinculación a proceso por el presunto delito de Feminicidio en contra de Sergio Enrique, con la medida cautelar de prisión preventiva y un plazo de seis meses para reunir más pruebas en contra del inculpado.
Afuera de la sala, decenas de personas, entre familiares y amigos de la víctima, exigían justicia y la pena máxima de 50 años para el responsable.
La sala 4 quedó en silencio, el imputado, la familia de la víctima, los medios de comunicación y autoridades judiciales la abandonaron, pero en el aire quedó la pregunta: alguien pudo haber salvado a Valeria de las violentas manos de un agresivo sujeto, que bajo el influjo de la droga tenía cara de loco, como su propia madre declaró.

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