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OPINIÓN

Violencia Social: Linchamientos en el siglo XXI

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In Principio Erat Verbum©

Por Simón Vargas

Actualmente hemos sido testigos de la creciente violencia colectiva a lo largo y ancho del país, tanto en zonas urbanas como rurales, la corrupción en algunas de las instituciones y los cambios en los modelos de justicia ponen en tela de juicio a las leyes y la forma de gobernar, y estos factores logran que la indignación moral se convierta en una masa de personas agrediendo y provocando dolor. Según Carlos M. Vilas en su texto Linchamientos en América Latina: Hipótesis de explicación, el linchamiento se define como “la acción colectiva de carácter privado e ilegal, que ejerce castigo físico sobre la víctima hasta el punto de poder provocar su muerte…” http://bit.ly/2naLgTG

El linchamiento es y seguirá siendo una forma de violencia y un tipo de quebrantamiento brutal a los derechos humanos; este fenómeno ha registrado un importante repunte durante los últimos años, no sólo en nuestro país sino en toda América Latina y ¿Por dónde empezar para entender este acto de violencia colectiva que ha ido creciendo en las últimas décadas? Pues bien, lo que llama la atención principalmente es que la agresión es ejercida por hombres y mujeres de todas las edades, quienes instan a ejecutar a alguien sin mediar un proceso legal, considerando que ellos tienen más capacidad que la autoridad en turno; y aquí se evidencia el primer detonante que da pie a esta crueldad: el cansancio hacia las formas de seguridad y justicia en las comunidades.

Los motivos de fondo que llevan a una sociedad a tomar la justicia en sus propios manos se repiten a lo largo de los distintos países: falta de confianza en la policía y en el sistema judicial, sumada a la corrupción o al poco alcance del Estado en algunas zonas, los comentarios de justificación posteriores de los hechos se repiten constantemente: “la policía deja libre a los delincuentes”, “los abogados se ponen de acuerdo con los delincuentes”, “estamos cansados de que nadie los castigue”, “nos quejamos y nadie nos hace caso”, todas estas aseveraciones exteriorizan sentimientos de frustración o desprecio hacia a las instituciones.

En los últimos 10 años (2007 a 2016), el crecimiento de los linchamientos en Puebla, el Estado de México y particularmente en la zona conurbada con la Ciudad de México llaman la atención debido a que actualmente estas tres entidades concentran más de 50% del total de los linchamientos ocurridos en México en los últimos 28 años. En estos actos hemos visto como el escrutinio público forma parte del castigo, la víctima es amarrada, obligada a caminar en medio de insultos, escupitajos, o incluso a ser arrastrada antes de ser ahorcada, quemada o molida a golpes; este paseo tiene una finalidad claramente escarnecedora pero sobre todo ejemplificadora, le grita a la sociedad que lo volverán a hacer, que ellos han decidido tomar el control y que nada los detendrá hasta castigar a quién se atreva a mermar la paz social, claro irónicamente con más violencia. http://bit.ly/2AGPVCV

Hay un factor especialmente interesante en estos actos de violencia colectiva y es el empleo del propio cuerpo para ejecutar el castigo, a pesar de que pueden existir golpes con diversos objetos, la golpiza une a la multitud, entrelaza hilos entre la comunidad de complicidad y al mismo tiempo diluye la responsabilidad individual. Ejercer la violencia en mano propia da una sensación de satisfacción y deber cumplido, no existe arrepentimiento o culpa en ese momento en quienes linchan, en esta efervescencia de compromiso moral y punición se deja de lado la imagen proyectada de barbarie hacia afuera de la comunidad; en cuanto vemos en las noticias un linchamiento, automáticamente pensamos en el salvajismo, en la falta de valores, de compromiso social, instantáneamente se derrumba la imagen de civilidad que tenemos en el imaginario colectivo.

Los linchamientos obedecen a muchos factores, la mayoría de ellos asociados con el hartazgo, la falta de compromiso de las instituciones y los usos y costumbres de algunos pueblos; pero no podemos asentar que violentar hasta herir brutalmente o bien hasta matar a un delincuente nos hace mejores personas que ellos.

Debemos comenzar un trabajo de entendimiento sobre estos fenómenos pero que quede claro que esto no implica aceptarlo; entender las causas o intentar encontrarles explicación no conduce a una justificación. La búsqueda de la justicia social, el respeto de las leyes, el activismo comunitario, la participación ciudadana no deben confundirse con lo brutal, injusto e inhumano de un linchamiento. Debemos buscar tratar al prójimo como nos gustaría ser tratados, porque si seguimos un patrón de ojo por ojo, el mundo terminará ciego.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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