Connect with us

OPINIÓN

Memorias Universitarias

Published

on

Por Javier MEJÍA*

En estos días fríos y contaminados me puse a revisar el archivo y encontré un artículo titulado Política, maestros y estudiantes con firma de un llamado Enrique Mario Mendoza, quien tres años después de publicarlo en la Revista de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, fue mi maestro de Formación Social Mexicana I, en Ciudad Universitaria.

Aquellos eran los tiempos estudiantiles de finales de la década de los años 70 y principios de los 80, del siglo pasado.

En la Universidad se vivían tiempos complejos y de intensos movimientos político- sindicales (en su mayoría trabajadores y, en menor medida, de profesores y de estudiantes) mientras que en Centroamérica los movimientos guerrilleros estaban en su máxima expresión, y aún permanecían en la memoria de algunos sectores sociales, el llamado “halconazo” de 1971 en el DF y la represión contra estudiantes, así como el golpe de estado en Chile y el asesinato de Salvador Allende en 1973, respectivamente.

En ese contexto regional, las contradicciones sociales se agudizaban, con el ingrediente de que en nuestro país se trataba de luchas de trabajadores y maestros universitarios por derechos laborales y políticos, sin descartar posibles vínculos con grupos de combatientes “internacionalistas” defensores del pueblo que buscaban la transformación social.

De algún modo, la clase gobernante quiso “desinflar” el descontento y la amenaza latente de que la guerrilla resurgiera en nuestro país, tal como en la década de los 60 y principios de los 70 se daba con sus principales exponentes: Lucio Cabañas y Genaro Vázquez

–Cómo reaccionó el supremo gobierno para tratar de “apaciguar” los ímpetus transformadores que surgían en la Universidad?

— En gran medida, con la reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles, entonces secretario de Gobernación, con lo que prácticamente el gobierno fue obligado a abrir el espectro político, de manera que los inconformes pudieran tener participación política en la legalidad, sobre todo del lado de la izquierda mexicana, aunque también hubo quienes fueron coptados y reclutados en las filas del oficialismo.

Ahora, en este invierno del 2017, que uno se da el tiempo, insisto, para revisar los cajones, y leo el escrito del profe Enrique Mario Mendoza, en la Revista Escritos Políticos, y a quien recuerdo que usaba antojos gruesos, era gordito y bigotón y siempre llevaba en la mano un enorme portafolios que parecía de ventrílocuo, pero al abrirlo se desparramaban libros y papeles.

Pero ¿qué decía el profe Mendoza en su escrito y que luego por azares del destino escucharía sus chispazos en el salón de clases?

Él sostenía que transitar de maestros a políticos activos – finales de la década de los años 70– se daba en circunstancias contradictorias y desagradables que afectaban su “entorno natural”, la cátedra, la investigación y sus hábitos de estudio.

“Sentir los problemas que suscita la realidad, no vemos que deba mezclarse con la lucha política para hacer valer su pensamiento. El examen de la realidad no supone inmersión en la política”, aseguró con la puntualización de que desde luego hay entre los profesores una posición política, que no es lo mismo que los políticos activistas.

Refiere que el político se rodea de condiciones especiales y crea una realidad que sólo él conoce y que la inventa precisamente para actuar con impunidad; se mofa del maestro y lo juzga débil como para derrotarlo con facilidad mediante sus agrupamientos y con tácticas que llegan a ser mezquinas, intrigas y “desviaciones de la lealtad”. Es decir, basan su victoria no en resultados de una acción lógica y suprema, sino en ese tipo de maniobras.

Político y maestro, dijo, tienen naturalezas distintas destinadas a la beligerancia, misma que se ezterioriza en un secreto rencor, en una sorda divergencia que no siempre es visible.

“Se comienza por la incomprensión de los actos y luego aparece el rencor ponticifial. A lo sumo, el político dice del maestro que es un ingenuo, que vive en los libros y que es sólo un intelectual. El maestro cuando puede dice que el político es un vulgar, un materialista sólo atento a la prebenda o a la negociación”, expuso.

Y advierte que “el amor propio cuando es exagerado se convierte en egolatría absurda y un ególatra, en los países propensos a la burla y al sarcasmo, está en alto riesgo de ser puesto en evidencia

Resume que politico y maestro muestran lenguajes con diferentes grados de insatisfacción y se planean desde diversas atmósferas. Uno maneja realidades inmediatas con favores concretos dirigidos a personas de precaria condición espiritual y de quienes se mueven por ambiciones de poca cuantía, mientras que el otro maneja ideas y efectúa observaciones, muestra en las aulas los problemas, agita las conciencias, revelando lo que la ceguera colectiva no alcanza a distinguir, actuando casi siempre de buena fe, con una cultura general para resolver sus abstracciones y defender lo más preciado de la vida: la Libertad y la Cultura. (continuará).

*Mendoza, Enrique Mario

Estudios Políticos No. 10

Revista del Centro de Estudios Políticos

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

UNAM

Continue Reading
Advertisement Ayuntamento de Mexicali
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook

Copyright © 2021 MFNoticias Mexicali. Desarrollo Web Jesús Urquidez