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OPINIÓN

2018 y los caminos de la polarización social

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Por Javier MEJÍA*

Considerada como “la parte más barroca, más confusa, siempre más apasionante y más oscura” del Poder en México, la sucesión presidencial es también un proceso cuyos efectos internos son de rispidez y desencuentros, y hacia afuera de una peligrosa polarización social que podría derivar en escenarios de mayor endurecimiento del aparato gubernamental en un marco de elecciones cada vez más competidas en nuestro país y de amplia participación ciudadana.

A propósito de esta coyuntura política, comparto las siguientes líneas sobre la novela Palabras Mayores del escritor Luis Spota, quien para algunos es una referencia bibliográfica que habría que reeler como lo sugirió Jaime Labastida, mientras que otros no lo consideran parte de la literatura mexicana, tal como lo cuestionó el escritor Jose Emilio Pacheco.

Aunque “en gustos se rompen géneros”, siempre hay un rigor en cuestiones de la gramática y de la estructura del castellano, además de que desde las primeras lineas de los textos se podría inferir sobre la calidad, el gusto por el género o por determinado autor. Aquí entran las cuestiones subjetivas y del libre albedrío para decidir las lecturas y, esta vez, el contexto político justifica los siguientes lineas:

El escritor narra el episodio de la sucesión presidencial con parte de sus reglas y de sus paradojas, así como de sus mecanismos que los protagonistas obedecen en un campo permanente de corrupción y sordidez, en los tiempos del partido único y hegemónico.

Ante la existencia de intereses políticos se requiere de inteligencia, valor y algo de suerte, dijo el presidente Aurelio Gómez-Anda a su ministro de Industrias y Desarrollo, Víctor Ávila Puig a quien, como en el toreo, le recomendó usar la mano izquierda ante las presiones no sólo de los industriales y de los comerciantes del pan, la leche y el gas, sino también de los demás aspirantes que buscaban dejarlo fuera de “la jugada” y no tener ningún arreglo.

Las presiones sobre el Presidente, sobre el secretario de Estado y sobre la opinión pública, cada vez serán mayores. Ello, con el propósito de eliminarlo como eventual candidato a la Presidencia de la República.

El doctor Ávila Puig no podía creer lo que le decía el Presidente: “hay corrientes de opinión que le favorecen y sectores que lo verían con agrado como un hombre joven con ideas nuevas en Palacio Nacional.

A diferencia de los demás aspirantes, el ministro de Industrias no utilizó, desde el primer día, el cargo para construir la anhelada candidatura, mediante el uso de los recursos públicos, práctica que era una especie de valor entendido de alguna manera tolerable y exenta de algún reproche, consideró Gómez-Anda.

En la Casa Presidencial de Los Arcos corría un viento fresco. Allí, el doctor Ávila cuidaba sus palabras para no ser adulador, ni decir algo de más en la conversación en la que el mismo Ejecutivo lo puso a la par de los otros cinco aspirantes en el sentido de que nadie tenía asegurada la candidatura, aunque le llevaran ventaja en el cabildeo para anudar alianzas, compra de influencias o en el pago de sobornos como algo “normal”.

Aunque en la cultura política mexicana se tiene la idea de que el voto del Presidente en -turno es el bueno o el único para definir la sucesión presidencial, don Aurelio expone: “El voto del Presidente es importante, sí, pero no definitivo. Al señalar sucesor, el Presidente está sólo interpretando el sentir de otros…; está, como si dijéramos, actuando en nombre de otros”.

¿Quién sería el idóneo para alcanzar la Presidencia?

Era la etapa de irlo pensando, de confeccionar una lista cuando se aproxima el momento de ceder el gobierno, aunque no necesariamente le poder.

Unos destacaban por ser populares entre los políticos y muy conocidos por el público. Otros, como el doctor Ávila, lo eran menos, pese a su jerarquía técnica, a su prestigio académico y a su veteranía.

Las campañas duraban 150 días, tiempo de sobra para que el pueblo conozca a quien va a elegir. Tiempo en el que el país tampoco se puede paralizar en tanto se le busca inquilino a esta casa”.

Cuando faltaba una semana, por ley, para que el Partido escogiera a su hombre, se preguntaban si era poco o demasiado tiempo, lo que se responde en función del valor que uno le conceda al tiempo, de la posición en que uno se encuentre y del nivel de ansiedad de quienes buscan llegar y de quien ya va de salida.

Y mientras caminaban por los jardines colmados de espesura y de animales silvestres, hablaron de la salud y de que era bueno caminar para la próstata, mientras que en los momentos del silencio al doctor Ávila se le venían a la mente las palabras de que su nombre figuraba en la lista del Presidente y se imaginaba la cara que pondría su esposa Laura Kraus cuando supiera lo que le había insinuado Gómez-Anda, quien añadió:

“Todos ustedes tienen, para mí, merecimientos considerables…Que uno sea elegido, y no otro, dependerá de ciertas circunstancias…Nada, en política, es definitivo, aunque todo en la política a nuestro estilo es posible…Usted: sume, vea a sus amigos, prepárese, estudie, cuídese.

Ávila Puig seguía confundido y en el momento de la despedida sintió una gran cordialidad y hasta en una de esas un guiño del más poderoso de los hombres políticos del país. El Presidente de la República: don Aurelio Gómez-Anda.
* SPOTA, Luis
Palabras Mayores
Ed. Grijalbo 1990
383 página

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