29 de junio de 2022
“UABC

¿Quiénes son las personas haitianas que vemos en el boulevard?

Conectar interculturalidad, visibilización y antirracismo

Existe la definición de la movilidad humana forzada. Pero, no el concepto de la interculturalidad forzada, porque la interculturalidad tiene bases en la empatía, el respeto y la convivencia. Por ello, me queda claro que no es sano ni deseable para la sociedad de esta zona transfronteriza, invisibilizar a un grupo de personas que están aquí entre nosotros desde 2016 y que vemos en las calles y los comercios, pero, poco o nada sabemos de su gastronomía, su música, su literatura, sus lenguas y grandeza histórico-cultural.

El pensador Eduardo Galeano (1940-2015), escribió en 2011 que “Haití es un país invisible. Sólo cobró fama cuando el terremoto de 2010 mató más de 200 mil haitianos. La tragedia hizo que el país ocupara, fugazmente, el primer plano de los medios de comunicación. Haití no se conoce por el talento de sus artistas […] ni por sus hazañas históricas en la guerra contra la esclavitud y la opresión colonial […] Haití fue el país fundador de la independencia de América [1804] y el primero que derrotó a la esclavitud en el mundo. Merece mucho más que la notoriedad nacida de sus desgracias”.

Si nos escuchamos a nosotros mismos como sociedad fronteriza, podremos darnos cuenta del lugar en el que hemos ido colocando a las personas haitianas. Nuestros lugares comunes nombran, designan e identifican: “Las personas haitianas a diferencia de las centroamericanas visten bien”, “usan joyas”, “traen un celular de última generación”, “son bienvenidas porque no son pedigüeñas y son  trabajadoras”.

En apariencia son aceptadas las personas haitianas. Pero, son valoraciones desde la superficialidad. Lo que se ve de ellos por “encimita”, es que convergen con ciertas expectativas sociales de estas comunidades de acogida: “vestir bien y trabajar, usar dispositivos de alta tecnología”. Sin embargo, hay registro de cobros excesivos en los servicios, salarios inferiores y abusos de autoridad. Desde Tapachula hasta esta frontera.

Otras voces recogidas en entrevistas de investigación y en análisis de contenido de medios y comentarios de usuarios en redes sociodigitales, refieren: “algunos hombres haitianos solo buscan a la mujeres mexicanas por interés económico”. “Son promiscuos”. “Algunas mujeres haitianas llegaron embarazadas para poder pasar a EE.UU.” Bien nos haría escucharnos colectivamente. Es oportuno. Deseable. Hay que animarnos a pensar nuestras palabras, los significados que construimos y traspasamos a nuestros hijos sobre las personas haitianas.

Achille Mbembe (1957), uno de los referentes  teóricos actuales, en su Crítica de la razón negra. Ensayo sobre el racismo contemporáneo, apunta que “La contribución de los afroamericanos y de los esclavos negros al desarrollo histórico de América del Sur, está, si no borrada, al menos severamente ocultada […Y en ese sentido, el caso de Haití es ejemplar] porque contrariamente a otros movimientos de independencia, la revolución haitiana fue el resultado de una insurrección de esclavos que dio lugar, en 1805, a una de las constituciones más radicales del Nuevo Mundo […] No abolía solamente la esclavitud. Autorizaba igualmente la confiscación de tierras pertenecientes a los colonos franceses”.

Haití pagó durante más de un siglo una multa impuesta por su ecesodades de ser libres. Actualmente, exiet el término anti-haitianismo del que hablaremos en la siguiente colaboración.

*[No. 80/2022]. El autor de esta publicación es profesor en la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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